No existe una única forma de ser padres, ni de ser hijos.
¡¡¡Espero que sea de gran utilidad!!!
La Educación Prohibida. Es un proyecto de largometraje documental que trata sobre diferentes estructuras, modelos, principios educativos que fueron gestándose en las ultimas décadas con la idea de que la educación debe apuntar al crecimiento integral del ser humano desde los aspectos físico, emocional, mental y espiritual.
La Educación Prohibida: Estará viajando del 8 de Julio al 16 de Agosto a Perú, Ecuador y Colombia para realizar Entrevistas y visitar Proyectos Educativo.
Si tienes contactos, quieres aportar al proyecto, organizar o asistir a reuniones y charlas, o ayudar durante el viaje, puedes contáctarlos visitando su espacio web: La Educación Prohibida
Otra Educación es Posible.
La Educación Prohibida
El seminario será también espacio de encuentro de diversas familias que se educan sin escuela. Han confirmado su participación en el seminario 350 personas de diversas ciudades de Colombia y otros países vecinos.

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ades, carácter, sexo, edad, ubicación dentro de la familia, etcétera.Sólo así se buscará el bien de cada uno, ayudándole en su proceso personalísimo de mejora, de modo que luche por superar sus debilidades y reforzar sus características positivas.Sea por comodidad -educar a todos como un todo- o por un errado concepto de justicia -trato igualitario- se caen en serias injusticias que en nada apuntan a ese ser mejor que todo padre desea y busca para sí y para cada uno de sus hijos.

Se que suena muy egoísta de mi parte, se que muchos no entenderán mis razones, pero es lo que siento...
- La Asociación Epysteme está formada por un grupo de profesionales, padres y madres, expertos en homeschooling (educación en casa), que dan apoyo y solución a aquellas personas que por diversos motivos, independientemente de la edad que tengan, necesitan obtener certificaciones académicas de forma distinta a la escolarización presencial.
- Kaidara-Ecoeducación, es una Asociación formado por familias. Han creado a Babú, que es un entorno donde se encuentran con sus niños. Para hacer el 'homeschooling' juntos.


De momento no sé que pasará, pero por lo pronto sigo disfrutando cada instante junto a nuestro príncipe, hoy me siento afortunada porque para mí no hay nada más maravilloso que verlo crecer y aprender tanto de él...
¿Y tú que opinas?

Consejos útiles
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Foto: www.flickr.com/Niños de Mayrán. de ing jorge
Con cariño, dulzura y firmeza le puedes decir las cosas a tú hija, siempre poniendose a su altura y mirandola a los ojos, explicale el porque no debe hacer algunas cosas, los niños saben pedir lo que desean, y siempre nos lo hacen saber, en muchas ocasiones para evitar el mal momento cedemos ante sus deseos, porque no queremos que tengan una rabieta, porque estamos muy cansados, porque no tenemos fuerzas, porque tuvimos un mal dia en la oficina, ó por muchos motivos más...
Debemos ser conscientes que al consentir todo lo que quieren no les estamos ayudando a crecer, les estamos facilitamos demasiado las cosas, cuándo lo realmente bueno para su desarrollo es que busquen sus propios recursos, y pongan a prueba su creatividad... los niños son sabios y muy a menudo los adultos les contagiamos nuestras emociones, así que procura disfrutar cada instante a su lado.


2- Ser demasiado rígidos
La rigidez exagerada es tan dañina como la permisividad excesiva.
Lo que es válido un día puede no serlo al siguiente. Las necesidades de los hijos son complejas y requieren que los padres se den cuenta de sus por menores.
Si le explicamos a los niños el porqué de la decisiones, éstos verán su lógica (aunque no estén de acuerdo), y las acatarán con más facilidad.
Los hijos educados con flexibilidad tienden a transformarse en adultos más seguros y abiertos que los que han sido sometidos a reglas arbitrarias y rígidas.
Hacerlo bien es sencillo
Comparto este articulo con todos mis lectores ya que ofrece buenas ideas para responder los porqué de nuestros hijos:
El amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también, otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravilloso don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor.
Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercase a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella.
San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que es eso lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilarlos, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas de la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de me-morias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre.
Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo.
Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella.
"Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
Gustavo Martín Garzo
Escritor
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