"Los hijos son como viajes al interior de una misma en los cuales el cuerpo, la mente y el alma cambian de dirección, se vuelven hacia el centro mismo de la existencia"
Isabel Allende



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29.4.10

¡¡Que vivan los niños!!

¡Hola todos!

En nuestro país estamos celebrando el mes de los niños, aunque yo considero que los niños merecen todo nuestro amor, mucho mimos abrazos y atención, todos los dias del año. No quise dejar pasar está oportunidad para dejar un mensajito lleno de cariño para todos los niños del mundo. Aprendamos de estos seres tan maravillosos, e inocentes que merecen toda la felicidad que podemos ofrecer, ya que todos los días nos ofrecen momentos únicos a su lado.
Les dejo está bella canción:

¡¡Que vivan los niños de todo el mundo!!




Recuerda:

La Vida

La vida es una canción. Cántala.
La vida es un juego. Juégalo.
La vida es un desafío. Enfrántalo.
La vida es amor. Disfrútalo.
Sai Baba

Saludos cordiales.

25.3.09

"¿Estás triste?"

Desde que somos padres nos hemos vuelto más sensibles ante los sentimientos y necesidades de nuestro hijo, y él nos ha demostrado su interés y preocupación por los demás, es muy humano nos da constantes señales de ello, nos dibuja una sonrisa, nos regala las suyas y hace que todo sea maravilloso...
Nos da mucha impotencia ver como algunos padres dejan llorar a sus hijos sin importarles lo que ellos sienten, es triste observarlos desconsolados, solos y sin atención, con el tiempo se han acostumbrado a estar así, callados para no molestar a sus padres y hacer lo que estos les imponen.... Cuándo lo único que necesitan y reclaman a gritos es un abrazo, un poco de amor, consuelo y cariño...

Frecuentemente se minimizan los sentimientos de los niños creyendo erróneamente que son asuntos menores, los adultos aveces no entendemos que para un niño sus frustraciones, rabietas, llantos y demás sentimientos son algo tan importante como pueden ser nuestros problemas, en muchas oportunidades se pretende que ellos resuelvan sus cosas por sí mismos cuándo los pequeños a la única persona que pueden acudir es a sus padres y si nosotros les damos la espalda van a crecer con desconfianza, con recelo y con actitudes negativas hacia los demás ya que nunca encontraron el apoyo, el cariño, el amor y el respaldo que merecían cuando más lo necesitaban.


Este articulo me pareció muy interesante y quizás pueda hacernos cambiar nuestra visión sobre el tema:


Todavía existe el mito de que los y las pequeñas son felices por el hecho de estar en la infancia. Libres de las preocupaciones que agobian en la edad adulta, imaginamos y a veces añoramos esta etapa de la vida, como un periodo de bienestar y placer, donde todas nuestras necesidades estaban cubiertas y sólo vivíamos para disfrutar.


Pero, ¿es realmente la infancia un paraíso?

La infancia no es el reflejo de ningún paraíso terrenal. Crecer no es fácil. Hay momentos de plenitud y gozo infantil, pero otros de dolor propios del aprendizaje relacional y del proceso de crecimiento psicoafectivo, que en ocasiones no resulta tan gratificante como se pudiera creer.¿Son en general los niños y niñas en nuestra sociedad, felices?La infancia a veces nos queda tan lejos, que tendemos a idealizarla. En ocasiones abrumados por nuestro presente cotidiano, miramos a nuestros hijos e hijas pensando que ellos sí que son felices por carecer de tantas responsabilidades, pero esto no siempre es así. Los y las pequeñas tienen un rico universo emocional, y al igual que nosotros también se sienten tristes y solos pese a nuestra presencia.


¿Pero son sus emociones “fiables”? Un niño llora, y al minuto siguiente ríe. ¿Cómo podríamos interpretarlo?


Este pasaje rápido de una emoción a otra, puede llevar a interpretar equivocadamente su emoción y quitarle la importancia que se merece. Realmente el mundo emocional infantil y el nuestro son diferentes pero ambos igualmente importantes. Por ejemplo, un bebé que llora, es un bebé que está totalmente inundado por su emoción, sin poderla comprender ni canalizar, salvo a través del consuelo de un adulto.


Un niño más mayor, siente profundamente las emociones, sean de tristeza, alegría o rabia aunque muy lentamente comienza a comprender que responden a un estado pasajero y poco a poco pueden incluso verbalizar el motivo que las provoca.Pero hay una característica común entre el bebé y el niño: necesitan del adulto para canalizar su emoción, y aprender progresivamente a gestionarla.

¿Puede un bebé estar triste?

Investigaciones recientes realizadas en E.E.U.U. demuestran que los bebés que no son acariciados suficientemente, tienen un desarrollo cerebral de hasta un 20 y un 30% menor que los bebés que reciben atención afectiva suficiente. Se les denominan “Cerebros tristes” porque a pesar de estar totalmente atendidos en sus necesidades nutritivas e higiénicas, tienen hambre de amor y contacto epidérmico. Las repercusiones son muy serias para su desarrollo posterior tanto en el plano emocional como intelectual. El problema es que pasan desapercibidos, porque son los denominados “bebés buenecitos”, que casi no protestan a pesar de pasar mucho tiempo sin ese contacto emocional que habitualmente proporciona la madre.


Y un niño más mayorcito, ¿qué motivos de tristeza puede tener?

Una cosa es la tristeza y otra la depresión. La primera es una emoción humana, totalmente natural. La segunda habla ya de una patología, un disturbio más grave y complejo. Los y las niñas pueden estar tristes por muchos motivos que a veces nos parecen banales. Como por ejemplo, no querer separarse de la madre o el padre en muchas situaciones cotidianas: ir a la escuela, quedarse con terceros sin desearlo, etc. O por no sentirse comprendidos cuando han hecho algo sin intención negativa pero se les ha atribuido cierta maldad, o cuando se les acusa de mentir y ellos no lo sienten así y un largo etc.La tristeza infantil es más común e importante de lo que en ocasiones creemos.


¿Qué actitud tomar cuando observamos que nuestro hijo esta triste?

Lo más esencial, es permanecer cerca. Estar disponibles afectivamente, en función de la demanda que tanto verbalmente o de forma no verbal (llanto, apatía, etc.) nos manifiestan. Si es bebé, acogerlo en brazos transformará su emoción. Si es niño, tratar de indagar sin interrogar, le transmitirá que estamos deseosos de ayudarle. Pero siempre, manifestando abiertamente nuestro apoyo y afecto aunque a veces no responda a nuestra pregunta o consideremos que no tiene motivos “objetivos” para estar triste.

¿No es mejor, hacerles “duros” para que no sean débiles de mayores?

Este es un tópico demasiado extendido: La sociedad nos inculca desde pequeños que no debemos llorar “tan grande y llorando...”. Se ignora que reprimir la emoción de llanto, es impedir el contacto con una vivencia tan legítima como la risa. No es más “fuerte” el que no llora. En todo caso, será más duro, y por tanto más insensible también a otros placeres de la vida. La alegría y la tristeza, son las caras de una misma moneda e igualmente dignas. Esenciales para sentir la vida plenamente.


Por: Yolanda González

Sitio Oficial Aquí
Publicado en Max Mara. Revista Municipal. Bilbao.

Con autorización de su autora para ser publicado en este espacio.

6.9.08

"La frustración innecesaria en la infancia."

Hoy tuvimos cita con el Pediatra de nuestro hijo y nos dijo muchas cosas absurdas para nosotros, aunque realmente el motivo de la cita era otro, para el estas fueron algunas de sus recomendaciones: "No deben cogerlo en brazos, No deben consentirlo" etc... Dijo que David ya es un niño grande y que debe ser tratado así, nosotros no podiamos decir nada, no se porque no fui capaz de defender la Crianza con Amor, con Respeto y con Empatía....y me sentí muy triste por ello, por no levantarme de esa silla y decirle lo equivocado que él estaba, que los niños necesitan alguien en quien puedan confiar, que los ame, que los entienda, que los escuche y que los proteja....¡¡Quien mejor que sus padres!! y que no compartimos sus "recomendaciones" e ideas.... Cabe aclarar que no es la única vez que nos sucede, y que hemos cambiado de pediatra como cinco veces..... Aún no logro entender como podia decirme eso siendo él un Pediatra, yo me pregunto ¿Entonces que podemos esperar? Por ello quiero compartir este maravilloso articulo con todos mis lectores:


Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración. Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados.
Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien: "No lo cojas en brazos" "No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo". "No transijas, pues se subirán a las barbas".
Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser "Duros", que no fuertes. Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros "porque la vida es así". Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.
¿Qué hemos olvidado?
¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración...?.
Olvidamos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capacidad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesidades más imperiosas. Olvidamos que, siguiendo a manuales o recomendaciones que dinamitan el sentido común (el más escaso de los sentidos), violentamos el proceso natural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesidades básicas. Tan sólo una respuesta sensible y empática a sus necesidades primarias, garantiza un desarrollo psicoafectivo saludable. JAMAS, debemos de frustrar las necesidades afectivas.
¿A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cálida o una presencia en los momentos de mayor necesidad? ¿A quién le hace daño el amor?
Confundimos la frustración de necesidades culturales, con la frustración de las necesidades afectivas. La única frustración saludable, es la que frena el sinsentido del consumismo. Consumismo de la Tv. no constructiva. De los dulces excesivos. Sabemos que comprar y comprar, tapona en pequeños y mayores, grandes lagunas y ausencias afectivas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesidades vacías. Estas y no las otras, son las necesidades secundarias o culturales que debemos aprender con inteligencia y amor, a limitar.
Muchos pediatras, autores, vecinos, cuestionan la lactancia natural prolongada. Y la justifican desde psicologizaciones y teorizacíones, sin ningún fundamento. Sin ningún seguimiento práctico y directo de bebés, que de forma sólida, permita realizar dichas afirmaciones. Y en los casos que se acompañan de observación, lo observado responde generalmente a lo "normal" y estadístico para la sociedad actual , ignorando y desconociendo lo que pudiera ser "lo sano". Intentan imponer con sus criterios, lo que hace la mayoría, sin cuestionar, si esos criterios generan felicidad o infelicidad, salud o normalidad.
Frustrar la necesidad del pecho a demanda y la necesidad de la lactancia prolongada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con contacto y amor) , es negarnos una experiencia esencial en la vida: Porque, conocer el placer y el amor, es la mejor prevención de trastornos psicosomáticos posteriores. Permitir que el bebé, explore cuáles son sus necesidades y que el medio se las posibilite, es lo que crea confianza y seguridad en la vida.
Es lo que posibilita el vínculo. El apego seguro Los padres, y el profesorado están a veces muy desorientados con tanto bombardeo informativo y contradictorio Es por ello muy importante, desarrollar la capacidad de empatizar con nuestros bebés ya desde el embarazo, para que el continuum de relación, ese " hilo mágico" como me gusta llamarlo y que algunos padres y madres percibimos desde el nacimiento hasta la autonomía de nuestros hijos, sea el mejor antídoto ante tantas influencias nefastas en el desarrollo saludable de la primera infancia.-Ese "hilo mágico", se llama VINCULO, y su base es la confianza, la seguridad y sobre todo el AMOR, del bueno.

Yolanda González
Con Autorización para publicar sus articulos en Beso de Amor
Sitio oficial Aquí

3.9.08

Esfínteres: Control y Autoritarismo

Desde que nuestro bebe cumplio un añito todos querian verlo sin pañales, todos excepto nosotros, incluso le regalaron una bacinilla.... ¿A quien no le incomoda que comparen a su hijo con los otros niños? y en realidad es algo que pasa todo el tiempo... pero no solo es eso es pretender que hagamos lo que según ellos es "lo correcto, ó lo normal" nosé porque es tan dificil entender que debemos respetar todos los procesos naturales de nuestros bebes y que sea cuándo ellos se sientan preparados.... Encontré este articulo y me parecio perfecto por ello lo comparto con todos ustedes...



Si estuviéramos en una isla desierta con nuestros niños, y contempláramos al bebé humano, con la misma celeridad con la que observamos a los animales, constataríamos que el control de esfínteres real se produce mucho más tardíamente de lo que nuestra sociedad occidental tiene ganas de esperar. Lamentablemente, en lugar de examinar cuidadosamente cómo suceden las cosas, elaboramos teorías que luego pretendemos imponer esperando que funcionen.

Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!

Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.

Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.

Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.

Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.

A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente. Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.

Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.

Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.

Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita.
¿Cuál es el motivo para negárselo?

Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.

Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento.
Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémonos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.

Por: Laura Gutman
Escritora y Terapeuta Familiar
Sitio Oficial Aquí

1.9.08

"¿Estás triste?"

Todavía existe el mito de que los y las pequeñas son felices por el hecho de estar en la infancia. Libres de las preocupaciones que agobian en la edad adulta, imaginamos y a veces añoramos esta etapa de la vida, como un periodo de bienestar y placer, donde todas nuestras necesidades estaban cubiertas y sólo vivíamos para disfrutar.
Pero, ¿es realmente la infancia un paraíso?


La infancia no es el reflejo de ningún paraíso terrenal. Crecer no es fácil. Hay momentos de plenitud y gozo infantil, pero otros de dolor propios del aprendizaje relacional y del proceso de crecimiento psicoafectivo, que en ocasiones no resulta tan gratificante como se pudiera creer.¿Son en general los niños y niñas en nuestra sociedad, felices? La infancia a veces nos queda tan lejos, que tendemos a idealizarla. En ocasiones abrumados por nuestro presente cotidiano, miramos a nuestros hijos e hijas pensando que ellos sí que son felices por carecer de tantas responsabilidades, pero esto no siempre es así. Los y las pequeñas tienen un rico universo emocional, y al igual que nosotros también se sienten tristes y solos pese a nuestra presencia.


¿Pero son sus emociones “fiables”? Un niño llora, y al minuto siguiente ríe.


¿Cómo podríamos interpretarlo?

Este pasaje rápido de una emoción a otra, puede llevar a interpretar equivocadamente su emoción y quitarle la importancia que se merece. Realmente el mundo emocional infantil y el nuestro son diferentes pero ambos igualmente importantes. Por ejemplo, un bebé que llora, es un bebé que está totalmente inundado por su emoción, sin poderla comprender ni canalizar, salvo a través del consuelo de un adulto. Un niño más mayor, siente profundamente las emociones, sean de tristeza, alegría o rabia aunque muy lentamente comienza a comprender que responden a un estado pasajero y poco a poco pueden incluso verbalizar el motivo que las provoca. Pero hay una característica común entre el bebé y el niño: necesitan del adulto para canalizar su emoción, y aprender progresivamente a gestionarla.


¿Puede un bebé estar triste? Investigaciones recientes realizadas en E.E.U.U. demuestran que los bebés que no son acariciados suficientemente, tienen un desarrollo cerebral de hasta un 20 y un 30% menor que los bebés que reciben atención afectiva suficiente. Se les denominan “Cerebros tristes” porque a pesar de estar totalmente atendidos en sus necesidades nutritivas e higiénicas, tienen hambre de amor y contacto epidérmico. Las repercusiones son muy serias para su desarrollo posterior tanto en el plano emocional como intelectual. El problema es que pasan desapercibidos, porque son los denominados “bebés buenecitos”, que casi no protestan a pesar de pasar mucho tiempo sin ese contacto emocional que habitualmente proporciona la madre.

Y un niño más mayorcito, ¿qué motivos de tristeza puede tener?

Una cosa es la tristeza y otra la depresión. La primera es una emoción humana, totalmente natural. La segunda habla ya de una patología, un disturbio más grave y complejo. Los y las niñas pueden estar tristes por muchos motivos que a veces nos parecen banales. Como por ejemplo, no querer separarse de la madre o el padre en muchas situaciones cotidianas: ir a la escuela, quedarse con terceros sin desearlo, etc. O por no sentirse comprendidos cuando han hecho algo sin intención negativa pero se les ha atribuido cierta maldad, o cuando se les acusa de mentir y ellos no lo sienten así y un largo etc. La tristeza infantil es más común e importante de lo que en ocasiones creemos. ¿Qué actitud tomar cuando observamos que nuestro hijo esta triste? Lo más esencial, es permanecer cerca. Estar disponibles afectivamente, en función de la demanda que tanto verbalmente o de forma no verbal (llanto, apatía, etc.) nos manifiestan. Si es bebé, acogerlo en brazos transformará su emoción. Si es niño, tratar de indagar sin interrogar, le transmitirá que estamos deseosos de ayudarle. Pero siempre, manifestando abiertamente nuestro apoyo y afecto aunque a veces no responda a nuestra pregunta o consideremos que no tiene motivos “objetivos” para estar triste.


¿No es mejor, hacerles “duros” para que no sean débiles de mayores? Este es un tópico demasiado extendido: La sociedad nos inculca desde pequeños que no debemos llorar “tan grande y llorando...”. Se ignora que reprimir la emoción de llanto, es impedir el contacto con una vivencia tan legítima como la risa. No es más “fuerte” el que no llora. En todo caso, será más duro, y por tanto más insensible también a otros placeres de la vida. La alegría y la tristeza, son las caras de una misma moneda e igualmente dignas. Esenciales para sentir la vida plenamente.




Por: Yolanda González
Presidenta de la A.P.I.R. (Asociación de Psicoterapia y Prevención infantil).
Con Autorización para ser publicados en Beso de Amor

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