"Los hijos son como viajes al interior de una misma en los cuales el cuerpo, la mente y el alma cambian de dirección, se vuelven hacia el centro mismo de la existencia"
Isabel Allende



1.10.08

Cómo son las familias que practican la Crianza Natural?

Desde que conocimos la Crianza con Respeto Amor y Empatía, nuestras vidas se transformaron para bien, escuchar nuestra voz interior y saber que nuestro hijo es lo más importante en nuestras vidas, entendimos que no lo malcriamos por cargarlo en brazos, por atender sus necesidades, que nunca debemos dejarlo llorar y que estaremos ahí para él, pase lo que pase para cuidarlo, protegerlo, y guiarlo. Hoy gracias a nuestro cambio podemos decirle a nuestro hijo amado que día a día hemos comprobado que todo vale la pena, ahora la vida nos ofrece la oportunidad de recorrer nuevos caminos, rectificando ó ratificando nuestras actitudes para ser mejores personas, y ante todo mejores padres. David te deseamos lo mejor de la vida, deseamos que seas un hombre de bien, y sobre todas las cosas muy Feliz.





Les comparto este articulo que habla un poco más de este tema:

Si tu estilo de crianza tiene algo que ver con los principios y prácticas de la Crianza Natural (atender las necesidades de tu bebé, no dejarlo llorar, mucho contacto físico, colecho, lactancia a demanda…) seguramente has escuchado comentarios acerca de cómo suelen ser estas familias.

¿Tendremos algo en común?

Para unos este tipo de crianza solo pueden practicarla los ricos, que no tienen que trabajar todo el día, o que pueden darse el lujo de vivir con un salario. Pero para otros este tipo de crianza, por demandar más tiempo con los niños, nos deja menos tiempo para trabajar y en consecuencia con menores ingresos.

Por otro lado, en cuanto al estilo de vida yo conozco de todo. Tanto familias que viven con muchas cosas: tele, autos, juegos de video, comida rápida; como familias que viven en forma simple y sin lujos. Familias que trabajan en casa y otras en las que el padre y la madre salen por la mañana y regresan por la noche. También familias que viajan mucho (de hecho familias que viajan alrededor del mundo) como familias que salen muy poco o casi nunca.
Y sobre el nivel de educación? Claro, hay padres muy educados que luego de tanta lectura se inclinan por el estilo de crianza con más evidencias científicas a su favor, mientras que otros padres solo hacen lo que les parece ser sentido común.


Sobre el carácter de los padres también hay mucha variedad: unos super pasivos, tranquilos y pacientes, mientras que otros exaltados e impacientes.
Y entre todos estos tipos de familias y de padres, estamos quienes tenemos algo de todos. Gastamos poco pero trabajamos para poder costear nuestros lujos costosos; viajamos cuando podemos; nos dejamos llevar por nuestros instintos, afianzados con un poco de buena lectura y…gritamos? A veces. Tomamos las cosas con calma? A veces.


Pero entonces, qué tenemos en común? Supongo que existirán características comunes de tipo socioeconómico, cultural y de otras variables, pero en el fondo creo que la característica común es que como familia estamos cada día aprendido a observar y a escuchar a nuestros niños y procurando dejarnos enseñar por ellos.


Por: Monica Salazar

Sitio oficial Aquí

3 comentarios:

Mami de Héctor dijo...

Muy atinado tu comentario sobre las familias Martha, que bueno que ya somos más en este tipo de crianza, aunque mucha gente aún no nos entiende lo importante es que nosotros estemos concientes de la calidad de educación y gran amor que les damos a nuestros hijos con esta forma de vida.
Saludos!

madrereciente dijo...

He descubierto vuestro blog gracias a los Premios 20Blogs y me ha gustado mucho. De hecho lo menciono en mi blog http://blogs.20minutos.es/madrereciente/post/2008/10/03/blogs-los-nuestros-los-premios-20blogs

Os seguiré leyendo.

manuel dijo...

Hola, he entrado a tu blog casi de casualidad y realmente me ha gustado mucho, aquí te dejo mi blog donde escribo casi sobre lo mismo, saludos

¡Qué yo no soy tu amigo, soy tu padre!
Pues la verdad que me hubiera encantado que así fuera. Pero no, cuando yo era pequeño o adolescente los padres no eran amigos de sus hijos, más bien eran los gobernantes de la vida de sus hijos. No hablo de cambiar autoritarismo por permisismo, sabemos de lo nocivo que resultan los extremos. Digo que el respeto que uno podía sentir por sus padres muchas veces se emparentaba con el miedo o la desconfianza. He leído a varios especialistas que confirman que los niños que aprenden a mentir a una temprana edad son aquellos que viven bajo el temor del castigo, sin embargo, para los padres autoritarios esos críos son unos sencillos mentirosos, y se preguntan de dónde habrá aprendido a mentir el mocoso, o se asombran de lo rápido que aprende todo lo malo el pequeño farsante, y que sólo una buena paliza les enseñará el camino, cumpliendo a la perfección su penoso papel de Pilatos. Pocas personas conocí que contaran con padres amigables, y muchos de esos padres sólo fingían ser afables y comprensivos cuando la casa estaba invadida de otros diablitos amigos y cuando todos se retiraban volvían a ejercer el derecho abusivo que la propiedad privada les concede. Sé muy bien que con esto que digo voy a vulnerar la sensibilidad de muchos que estarán en desacuerdo porque les costará reconocer que existan padres así, pero existen, todavía existen. Estoy cansado de ver y escuchar a padres que se llenan la boca en público hablando del amor que tienen por sus hijos y en privado reaparece en escena la madre o el padre represor que se oculta detrás de la fachada de familia perfecta. Recordar frases del tipo “yo, que he dejado o he hecho todo por vos” o “a tú madre le dices eso…” contribuyen con mi triste mi reflexión. Nunca creí en el tópico del reflejo, creo que esa mediocre hipótesis la inventaron los padres opresores. No es imperativo parecerse a los padres y tampoco es cierto que estemos condenados a recibir la cruel herencia de la similitud sanguínea. Es más, estoy decidido y orgulloso en formar parte de ese conjunto de padres dispuestos a revertir la conducta autoritaria de nuestros progenitores. Saber cómo están, qué les pasa, qué los angustia, comprenderlos aunque me suponga demasiado esfuerzo y valorarlos tal cual son, es una cruzada que sólo pretende ser como los padres que quise tener. Obviamente, no soy y jamás lograré ser el padre perfecto, pero saber esto por boca de mis hijas y que eso no plantee estamparle una bofetada o castigarla por la el reproche ya me convierte en un padre eficaz para escuchar y aceptar que hay algo que no estoy haciendo bien. Escribo esto casi con dificultad. La Cata, upa y acariciándome, no me deja teclear con comodidad.